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sábado, 23 de abril de 2016

Profundizando en el pitcheo de los Red Sox.

Un vistazo rápido a las estadísticas de pitcheo de los Red Sox y dos datos llaman poderosamente la atención. El ERA es de 4.59 (6ª peor de la MLB) y el K/9 es de 10.26 (el mejor de la MLB). Esto es poco frecuente. Cómo es posible que el equipo que más bateadores poncha encaje tantas carreras. Eso es lo que vamos a  intentar descifrar.

Generalmente se dice que los lanzadores que consiguen muchos strikeouts intimidan a los rivales. Podríamos decir que consiguen que a la ofensiva se le encoja el bate. No solo eliminan a los bateadores en el cajón, sino que suelen provocar que el contacto de estos, cuando se produce, sea más tímido. Batazos débiles y bolas rodadas que son fáciles para la defensa.


Como hemos dicho los lanzadores de Boston ponchan a 10.26 bateadores cada nueve entradas. Un dato increíblemente bueno teniendo en cuenta que la media de la liga según Fangraphs es de 7.7. Esta espectacular cifra de ponchados contribuye a que la SIERA de los Red Sox sea de 3.48. La SIERA es una estadística muy complicada de calcular a la que los sabermétricos se refieren en muchas ocasiones como ERA real. Digamos que separa la actuación del pitcher de la de la defensa pero valorando el resultado de las distintas bolas puestas en juegos. Atendiendo de nuevo a los parámetros de Fangraphs vemos que la SIERA de Boston, de 3.48, esta calificada como buena, siendo la sexta más baja de las Mayores. Como ejemplo decir que grandes abridores como Greinke o Cole tuvieron en 2015 un SIERA de 3.27 y 3.23 respectivamente.

Podríamos pensar que ya está solucionado el misterio. Los pitchers están rindiendo bien pero son los fallos defensivos los que provocan que la franquicia de Massachusetts encaje una media de 4.81 carreras por juego (solo seis equipos encajan más). Nada más lejos de la realidad. El fielding, índice defensivo más extendido, está siendo de .988. Solo Nationals, Mets y Royals lo tienen mejor. Las distintas estadísticas avanzadas de fildeo, que son tremendamente complejas y merecerían un capítulo aparte, también dejan en muy buen lugar a los defensores de Boston. Para simplificar diremos que el Defensive Runs Above Average (Def) del equipo es 5, quinto mejor de la MLB y situado entre los tramos que Fangraphs describe como por encima de la media y bueno.

Si a todo esto le añadimos que el promedio de los bateadores que se enfrentan a los Red Sox es un discreto .243 solo nos queda preguntarnos qué es lo que está pasando. Lo primero en lo que habría que hacer hincapié es en el elevado número de bases por bolas que se se están concediendo. Esto es lógico hasta cierto punto. El lanzar muchos strikeouts implica ciertos riesgos, entre los que están los boletos. Pero las 3.97 bases que Boston "regala" cada nueve entradas parecen excesivas, incluso con K/BB de 2.59.

Pero el verdadero problema está siendo la dificultad de los lanzadores para inducir ground balls. Esas bolas que ruedan mansamente por el diamante y que permiten lanzar a bases con cierta facilidad solo suponen el 38.3%. Evidentemente estar a la cola de la liga en esto implica estar muy arriba en line drives y fly balls. Las primeras son esos batazos a media altura y con bastante potencia que acaban alojándose entre el infield y los jardínes. En el mejor de los casos suponen un single.

Las fly balls son una ruleta rusa. Su ventaja es que si son atrapadas suponen un out sencillo, pero si no la cantidad de cosas malas que pueden pasar son enormes. Lo primero que viene a la mente son los cuadrangulares, pero no debemos olvidar las opciones de hits con bases extras o la mayor posibilidad de que los corredores se muevan entre bases. Las particularidades de Fenway, con el green monster como seña de identidad, hacen que cualquier golpeo elevado a los jardines sea una lotería todavía mayor.

El pitcheo de Boston está permitiendo que el 37.8% de las bolas que les ponen en juego sean fly balls (6ª mayor porcentaje de las Mayores). De esto se deriva la gran cantidad de homers que se están encajando. Hasta 19 bambinazos han recibido en contra los Red Sox (12ª en el ranking).

El % de fly balls está siendo crítico para Boston.

Otro dato que está perjudicando especialmente a los Red Sox es el tipo de contacto que hacen los bateadores. Decíamos arriba que los lanzadores que logran muchos strikeouts tienden a conseguir que los batazos que ceden sean suaves. Price, Porcello y compañía no están teniendo esa suerte. En un 34.1% de las ocasiones les conectan con fuerza (5º en el ranking) frente a un pobre 17.9% de golpeos suaves (24ª). Esto hasta cierto punto es una simple cuestión de suerte y/o especial acierto de los atacantes. Poco puede hacer el pitcher para cambiarlo. Lo lógico sería que poco a poco se tendiera a unos números más equilibrados.

El dato que termina de inflar las carreras que los Medias Rojas reciben esta relacionado con otro  aspecto que parece bastante azaroso (aunque también habrá quien piense que guarda relación con la incapacidad que los pitchers tienen para manejar la presión). Cuando hay corredores rivales en bases es cuando peores números tienen los lanzadores. Más arriba comentábamos que a Boston le han pegado 19 cuadrangulares, 12 de ellos han sido cuando había al menos un hombre en bases. Los home runs le han supuesto a los Red Sox 26 de las 77 carreras que ha recibido. Algo más del 33% de las anotaciones rivales llegan con bolas que se van a las gradas. Es también en estas situaciones en las que el porcentaje de fly balls y golpeos fuertes aumenta sensiblemente.

La guinda del pastel es que de los 16 partidos disputados hasta la fecha 10 han sido contra Orioles y Blue Jays, dos de las mejores ofensivas de la liga.

Podemos afirmar que el número de carreras recibidas tenderá a disminuir. Lo más preocupante es el alto índice de fly balls. Esto si es grave y es algo que el staff de pitcheo debe intentar solucionar. No va a ser fácil, pero tampoco es imposible. Se deberá sacrificar cierta potencia y colocar mejor los lanzamientos. Además debemos pensar que las dos bajas más importantes que hasta ahora ha tenido el equipo son Rodriguez y Smith, dos pitchers que se caracterizan por dejar la bola en el suelo.

**Todos los datos han sido extraídos de Fangraphs.com a fecha del 22 de abril de 2016**

jueves, 3 de marzo de 2016

Eduardo Rodríguez ante su segunda temporada.

Desde su llegada a Baltimore en 2010 Eduardo Rodríguez despertó algunas dudas. Es verdad que el chico tenía buena pinta. Que iba dejando buen sabor de boca en cada una de las categorías de las Menores por las que fue pasando. Pero en los Orioles no acababan de verlo como a una futura estrella.

Siendo niño se rompió el brazo "bueno", el derecho. Esto le obligó a pitchear con el izquierdo. Quizás sea esta particularidad la que provocara muchas irregularidades en sus lanzamientos durante sus  primeros años en la franquicia de Maryland. Las velocidades de sus pitchs oscilaban más de lo normal, influyendo esto en su capacidad para lograr strikes.

En 2014, con los Orioles peleando por el liderato de la división la gerencia decidió traspasarlo por una pieza que reforzara su bullpen. Andrew Miller, que terminaba contrato ese año se fue a Baltimore a cambio del joven lanzador venezolano.

Por aquel entonces Rodríguez tenía 20 años y era considerado el tercer mejor prospect de los Orioles. No obstante, parece que el front office no tenía muchas esperanzas puestas en él. Solo de esta manera se explica su intercambio por un Miller que terminaba contrato en otoño y que a pesar de su buen rendimiento no se acercaba al cerrador superdominante que ha sido este último año en los Yankees.

El 28 de mayo del 2015, con menos de cien entradas lanzadas en los equipos menores de los Red Sox, Rodríguez debutó en Arlington. El cortocircuito sufrido por la rotación obligó a lanzar al venezolano a los leones antes de tiempo. Y su respuesta fue brillante.

Entraremos en análisis más técnicos a continuación, pero primero hay que decir que lo que más sorprendió del ya rebautizado como E-Rod fue su entereza. En medio del fracaso que estaba siendo Boston, con toda la prensa de Nueva Inglaterra repartiendo cera, el chaval salió y con absoluta frialdad se echó el equipo a las espaldas. Tuvo errores, cierto, pero se arrimó a un toro jodido y no salió malparado.

Lanzó un total de 121.1 entradas (21 aperturas) logrando un ERA de 3.85. Su FIP fue de 3.92 y su ERA- de 91, es decir un rendimiento mejor al de la media de las Mayores. Si bien es cierto que ha tenido ciertos problemas para lograr ponches, su ratio ha sido de 7.25 strikes cada nueve entradas. Este dato en si no tiene que ser malo, pero si lo unimos a un ramplón 0.96 en HR/9 y a un mal 2.74 en BB/9 nos encontramos con que Rodríguez ha dado a su defensa más trabajo de lo esperado. De hecho su SIERA, la estadística más compleja (y para muchos también la más precisa) que hay para medir el rendimiento puro de un pitcher ha sido de 4.16. Bastante peor que la de Buchholz (3.35) y Porcello (3.73) y similar a la de Miley (4.24) y Kelly (4.23).

A pesar de todo las sensaciones fueron muy buenas, y sus número se vieron ampliamente perjudicados por los partidos en los que lanzó de día. Siempre se dice que los pitchers son animales de costumbres, y no es raro que en sus primeros años tengan problemas en los partidos que se juegan a mediodía o a primera hora de la tarde. En sus ocho aperturas que no fueron de noche acumuló un ERA de 7.88 frente a un espectacular 1.87 registrado en los partidos que se celebraron a la hora habitual. Este bajo rendimiento se debió en gran medida a dos aspectos: la facilidad con que se le embasaron los rivales (WHIP de 1.63) y un catastrófico HR/9 de 1.57.

Su pitch más utilizado en 2015 fue la fastball, que supuso un 68.7% de sus lanzamientos y que tuvo un discreto pitch value de 3.7. Esto significa que con su bola rápida Rodríguez previene 3.7 carreras por encima de la media. Su slider fue bastante mala y a pesar de recurrir a ella tan solo el 11.6% de las veces se mostró tremendamente improductiva al caer hasta el -7.9 de pitch value.

Su lanzamiento estrella fue sin duda la change up. Rodríguez la usó en casi un 20% de sus actuaciones desde el montículo y sus resultados fueron francamente buenos (pitch value de 4.6). Además este lanzamiento generó strikes en un 25.8% de las veces en que fue usado, solo fue bateado (sin fijarnos en si fue hit o no) en un 18.66%  de las ocasiones  y provocó un 16.02% de whiffs (cuando el bateador hace swing y falla).

Para tener un 2016 todavía mejor que su 2015 E-Rod debe pulir su fastball, lanzar más change up y mejorar su slider. Tampoco le vendría mal desarrollar algún otro lanzamiento y aprovechar a David Price como mentor.

Rodríguez, Swithart y Carl Willis.
Distintas informaciones apuntan en esta dirección, y parece que durante la off season Rodríguez ha estado trabajando. Sus principales objetivos han sido implementar el rendimiento de su slidder y empezar a desarrollar la cutter (donde Buchholz puede ser una gran ayuda). Así mismo Carl Willis, pitching coach de Boston, ha hecho mucho hincapié en que mantenga sus lanzamientos en la parte baja de la zona de la strike. De esta forma se consiguen más ground balls (a priori más fáciles de defender) y se minimizan las opciones de conceder home runs.

Otro aspecto importante que Rodriguez debe mejorar es su K/BB. Esta estadística nos dice cuantos ponches logra el lanzador por cada base por bolas que concede. Lo normal es que los pitchers agresivos, aquellos que siempre intentan forzar fallos en los swings de los bateadores acaben concediendo más. Es pura lógica, cuanta más fuerza y colocación se busca en el lanzamiento más opciones de perder su control o de mandarlo fuera de la zona de strike. El venezolano promedió en 2015 un K/BB de 2.65. Este dato no sería malo si Rodríguez andará en torno a los 10 strikes cada nueve entradas, pero recordemos que su ratio era de 7.25. Parece evidente que no es un pitcher ponchador, por lo que debe tener mucho más control sobre sus lanzamientos y evitar que se le embasen fácilmente. 

Después de una temporada en que era la novedad y los bateadores no le conocían E-Rod se enfrenta al año de su confirmación. En principio parte como número tres o cuatro de la rotación, pero una lesión de Buchholz (algo que no parece descabellado) le daría mucho más protagonismo. La oportunidad de triunfar en el gran show esta en su brazo.