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sábado, 3 de junio de 2017

El gran error de Dombrowski.


Desde la llegada de Dombrowski a los Red Sox no se ha dejado de hablar de sus controvertidas decisiones. Se ha dicho que ofrecer 217 millones a Price fue una desmesura. Que tradear a Anderson Espinoza, mejor pitcher prospect de la organización, por Pomeranz no tenía sentido. Que fichar a relevistas en su mejor momento de forma era un mal negocio. Que traspasar a Travis Shaw a los Brewers y jugártelo todo a Sandoval era un suicidio. Y hasta el fichaje de Sale fue criticado en su momento. Sin embargo, el mayor de sus errores ha sido dejar escapar a Torey Lovullo.

En octubre de 2015, después de que Lovullo deslumbrara como entrenador interino de los Red Sox durante la baja de Farrell por una operación, solo se hablaba de su segura salida en dirección a otra franquicia para ocupar el puesto de manager. Sonaron los Twins, los Rangers y los Mariners. Pero la sorpresa estalló cuando se hizo oficial que Lovullo se quedaba en Boston.

Parece que la confianza en Farrell no era absoluta y Dombrowski quería estar cubierto en caso de que hubiera que despedir al manager. Para lograr que Lovullo se quedara en Boston se apeló a su fidelidad a Farrell, llevaban trabajando juntos desde 2010, pero también a su bolsillo. Los Red Sox hicieron un esfuerzo económico importante y le ofrecieron un sueldo muy similar al que cobra cualquier manager de las Mayores. "No me gusta hablar sobre los salarios, pero digamos que el suyo está en un escalón más alto que el de bench coach", dijo Dombrowski.

Este invierno Lovullo se cansó de esperar y aceptó la oferta que le hizo Mike Hazen, nuevo GM de los D-backs y ex de los Red Sox. Se fue a Arizona y los buenos resultados no han tardado en llegar. Su equipo es una de las sensaciones del 2017 y un firme candidato a jugar en octubre. Además Lovullo está siendo parte esencial del buen rendimiento que están teniendo los jugadores más jóvenes de la plantilla.

Jake Lamb ha dicho que es el mejor manager que ha tenido en su vida y Chris Owings asegura que le está dando la confianza necesaria para rendir de manera notable en todas las facetas del juego. Por no hablar de que después del un 2016 desastroso los D-backs están disfrutando del mejor Greinke.

Mientras tanto en una entrevista concedida a Jared Carrabis en Section 10 Podcast Travis Shaw afirmaba que Farrell es un manager que se comunica poco con los jugadores jóvenes y con el que se sintió muy raro durante todo el 2016. Tras esta afirmación Carrabis pregunta si otros jugadores jóvenes se sentían igual. Shaw no da nombres, pero dice que sí. Para rematar el asunto dice que la presencia de Lovullo en el clubhouse fue una gran ayuda para él.

El frío inició de los Red Sox y los problemas del equipo en algunos aspectos del juego han hecho que se hable, y mucho, de una posible destitución de Farrell. La columna de Ken Rosenthal hace un par de semanas les daba todavía más credibilidad a estos rumores y especulaba sobre quien podría ser su sustituto. No hay nadie que trasmita muchas garantías, quizás por eso Farrell sigue en Boston. Dombrowski tenía al candidato perfecto y lo dejo marchar.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Una charla entre Bill y Ted.

Portada del libro de Lee.
En su maravilloso libro Have Glove, Will Travel: Advetures of a Baseball Vagabond Bill Lee cuenta como tuvo un encuentro fortuito con Ted Williams durante el Spring Training de 1986. Fue el principio de una amistad entre dos personajes antagónicos pero vitales en la historia de los Red Sox y a los que unía un amor sincero e incondicional por el béisbol.

Williams siempre fue un hombre conservador. Partidario de las intervenciones militares de los Estados Unidos en las que llegó a participar. Recordemos que estuvo en la II Guerra Mundial y en Corea.

Por contra Lee siempre fue un verso libre. Un tipo que reconoció consumir marihuana y otras muchas sustancias y al que sus fans obsequiaban con botellas de tequila. Seguidor de Abbie Hoffman, Fidel Castro y el budismo.

Ya que el libro está descatalogado me ha parecido interesante acercar el encuentro a la Red Sox Nation castellano parlante y al aficionado a la pelota en general. Es un pequeño pasaje pero que dice mucho de dos tíos especiales. Espero que lo disfruten compañeros.



Una tarde que (Ted Williams) estaba deambulando por el campo de prácticas horas antes de que llegara ninguno de sus alumnos me encontró sentado en nuestro dugout. Ted no solía hablar mucho con los pitchers, aún nos consideraba sus enemigos. Sin embargo se sentó a mi lado y colocó su pesado brazo sobre mis hombros en tono amistoso.


Williams como manager de los Senators en 1969.
"Dios," gruñó mirando al campo vacío, "me dejan aquí abandonado con un jodido pitcher. ¡Y encima también es un maldito comunista!" Me miró con una sonrisa que decía y eso qué mierdas importa y soltó, "Eres un chico de California, como yo, debes ser buen tío. Para ser un pitcher, claro. Pero eres bobo. Todos los pitcher sois bobos. Solo hay una cosa más tonta que un pitcher, los bateadores a los que elimináis."

"Vamos, realmente no crees que todos los pitchers seamos idiotas..."

"¿Ah, no? ¡Mírate! Lanzas bolas curvas, ¿no? Pero apuesto qué no sabes lo que hace que sean curvas."

"Seguro que si. La misma cosa que elevaba esos aviones de combate que solías pilotar cuando estabas en la reserva. El principio de Bernoulli."

Abrió sus ojos con asombro fingido. "¿Pero tú sabes de esas cosas?" exclamó.

"Es física básica. En una curva la rotación de las costuras de la bola crea una zona de alta presión sobre la pelota y otra de baja presión bajo ella. La alta presión la empuja hacia abajo y la bola cae cuando cruza el plate porque la baja presión que se genera bajo ella no aguanta el empuje."

La explicación impresionó a Ted. Le gustaba poner a la gente a prueba con sus mierdas. Era su manera de incordiar al personal y hacerlo pensar. Se plantaba delante tuyo con esos aires de instructor de los Marines que sabe que o las cosas son como él dice o no son y te desafiaba. Pero le encantaba encontrarse con gente que le llevara la contraria y le replicara. Así que le dije, " Ahora es mi turno. Apuesto a qué puedo decirte algo que no sabes sobre porque fuiste tan buen bateador."

Podría decir que simplemente se rió, pero fue mucho más. Una sonora carcajada agitó todo su cuerpo y hasta el banco en el que estábamos sentados se movió. Un jardinero pasó junto a nosotros camino del diamante. "Mira," exclamó una vez se alejó, "ahí va quien me va a decir algo sobre como batear." Entonces se puso serio. Ted nunca se tomó el tema de batear a coña. "A ver, tío listo. Dime. ¿Por qué bateaba tan bien?"

Señale su ojo derecho y dije, "Aunque seas zurdo este es tu ojo dominante. Para la mayoría de los zurdos es al revés, el ojo izquierdo domina. Cuando estás en el cajón esperando el lanzamiento del picher lo ves todo con tu ojo dominante. Eso te da una visión perfecta de cada pitch."

"¿Y a dónde quieres llegar  exactamente con toda esa porquería?" Su voz fingía ser hosca y cínica, pero tras ella se escondía una curiosidad inocente. Estaba realmente interesado. Quería escuchar más. Ted nunca fue una persona muy curiosa por nada. Nunca le oí hablar de libros, obras de teatro o arte. Su gusto cinematográfico se limitaba a la películas de vaqueros, y prefería las malas a las clásicas. En política era lo que podríamos llamar un hard-hat consevative (podríamos traducirlo como  un currito de derechas) y nunca demostró ser una persona muy reflexiva. Sin embargo, cuando le hablabas sobre batear se convertía en un auténtico filosofo. Las décadas de estudio y obsesión con el bateo habían hecho que su mente fuera como la de Einstein: curiosa e inquieta. Estaba entusiasmado ante la posibilidad de aprender algo nuevo sobre un "arte" que entendió mejor que nadie. 

Era una mañana limpia. En el cielo de Florida no había ni una nube y podíamos ver una torre de agua que había a media milla de distancia. Le dije a Ted que la mirara fijamente durante unos segundos. 


Lee haciendo el "indio" en el clubhouse.
"Ahora tápate el ojo derecho para que puedas verla solo con el izquierdo."

"¡La muy puñetera se ha movido!," exclamó. "Se ha movido unas tres pulgadas."

"Hazlo otra vez. Pero ahora tápate el ojo izquierdo."

"Hija de puta. Esta vez no se ha movido."

"Eso es lo que significa que tu ojo derecho sea el dominante," maticé. "Tu ojo derecho te da una perspectiva verdadera y lisa de un objeto. Si tu dominancia estuviera en el ojo izquierdo al mirar al pitcher con tu ojo derecho (el que ve mejor el montículo cuando bateas como un zurdo) hubieras visto un ligero y extraño movimiento en el recorrido de la bola. La mayoría de la gente necesita un instante para ajustarse a ese movimiento. Tú no perdías tiempo en eso, así que podías identificar el tipo de lanzamiento y su localización más rápido que otros bateadores."

"Tiene sentido."

Algunos de los discípulos de Williams empezaron a llegar al campo. Pasaron corriendo junto a nosotros en dirección a los jardines. Un empleado se acercaba a nosotros en un carrito de golf para llevar a Ted junto a las jóvenes promesas. Mientras esperábamos vi como Ted se tapaba primero un ojo y luego otro mientras miraba distintos puntos del campo. "¿Lo puedes creer?" masculló entre risas. "Ha tenido que ser un puñetero pitcher chiflado el que te diga esto. Hijo de puta."

Fuimos amigos desde aquel día. Cada vez que me veía se tapaba el ojo izquierdo a modo de saludo. En cuanto tenía un momento libre me buscaba en los vestuarios para hablar de pesca. Muchos pescadores profesionales hablaban de Ted con un experto en la pesca con mosca y a él le gustaba reírse de mi por utilizar cebo. "No tiene ningún mérito pescar con cebo." Aún puede oírle con esa cantinela, "Es como hacer trampas. Hasta una vieja podría hacerlo". Era su manera de demostrar cariño. 





martes, 20 de septiembre de 2016

ELEVADO A LOS JARDINES XVI: Un naufragio en el desierto.

A estas alturas nadie duda de mi absoluta devoción por los Medias Rojas. Todo el mundo sabe que soy un fiel y buen patriota de la Red Sox Nation, pero parece que hay vida más allá de Fenway. Para hablar de ello nace Elevado a los jardines.



Si a día de hoy camináramos por la zona del desierto de Sonora que queda comprendida en el estado de Arizona nos encontraríamos con una estampa curiosa. Bajo un sol abrasador y a kilómetros de distancia de cualquier corriente de agua mínimamente navegable se pudre un bonita embarcación. Un barco que durante más de treinta años fue sinónimo de éxito y que sin embrago ha acabado naufragando.

Comenzó siendo un modesto yate recreativo que en la primera mitad de los ochenta se hizo un nombre por sus veloces travesías en el lago Michigan. A finales de la década se convirtió en un precioso clíper de cuatro mástiles y con amarre en Oakland. Estuvo allí durante diez años y fue la nave más rápida de la Bahía de San Francisco. Ni el terremoto de 1989 pudo frenarla. A mediados de los noventa cambió el agua salada por la dulce y las velas por el carbón. Se trasladó a St. Louis, donde adoptó la forma de un vapor de ruedas que hizo suyo el río Missouri y el Mississippi.

Este barco fue capitaneado por Tony La Russa. Un hombre que tuvo poca suerte como jugador de béisbol pero que revolucionó el juego desde los banquillos. En 2011 La Russa se retiraba después de haber ganado sus terceras Series Mundiales. Lo hacía como un auténtico mito. Treinta y tres temporadas repartidas entre los banquillos de los White Sox, los A's y los Cardinals y cuatro premios a mejor manager del año. Solo Connie Mack y John McGraw, entrenadores que pertenecen a otra época, pueden presumir de acaparar más victorias en el Gran Show.

Apenas dos años después de su retiró La Russa fue incluido en el Salón de la Fama y parecía que con esto se ponía el punto y final a su relación profesional con el béisbol. Pero el bueno de Tony no se sentía cómodo lejos del diamante. El golf, la pesca y otras actividades variopintas a las que dedican el tiempo los deportistas jubilados no le llenaban. Ya lo dijo en una ocasión, cuando tuvo que decidirse entre el mundo del derecho o un futuro incierto en el béisbol: "prefiero conducir un autobús en las Ligas Menores que dedicarme a la abogacía". Así que La Russa decidió volver.

Los D-Backs llevaban sin rumbo desde el 2001. Desde ese mágico año en que la dupla Johnson- Schilling se alió con dos strippers llamadas Aura y Mystique y les levantaron a los Yankees unas World Series que parecían destinadas a marcharse al Bronx. En los siguientes catorce años la franquicia de Phoenix solo ha pisado los playoffs en tres ocasiones. Qué mejor manera de enderezar el rumbo que con una leyenda como La Russa. Pero esta vez su lugar no iba a estar en el dugout, subía en el escalafón y se convertía en Jefe de Operaciones Beisbolísticas de los Arizona Diamondbacks.

La Russa entró en el equipo en mayo de 2014. Poco pudo hacer para evitar que en esa primera campaña los D-Backs fueran el peor equipo de las Mayores. En 2015 las cosas fueron algo mejor. Se contrató a un jugador ilusionante como Yasmani Tomás, se vio la irrupción de David Peralta y se comprobó, una vez más, que Pollock y Goldschmidt son élite. Además hubo otros motivos para el optimismo. El fildeo de Arizona fue el segundo mejor de la NL según FanGraphs y solo los Rockies anotaron más carreras que ellos. El gran lastre del equipo fue la rotación. Los abridores promediaron un ERA de 4.37.

La Russa lo tenía claro. Lo que necesitaba para hacer al equipo competitivo eran brazos. Y estaba dispuesto a conseguirlos a cualquier precio. Lo primero fue hacerse con los servicios de Greinke. El pitcher venía de hacer una temporada espectacular (ERA de 1.66) y su destino parecía ligado a Dodgers, Giants, Cubs o Red Sox. Los D-Backs sacaron dinero de debajo de las piedras y consiguieron firmarlo por unas cifras que no parecían a su alcance: unos treinta millones de dólares en cada una de las seis próximas temporadas.

Una vez que se había conseguido un ace se debía reforzar todavía más la rotación con un número dos de garantías. El elegido fue Shelby Miller. Un pitcher joven con un futuro prometedor y que unos Braves en plena reconstrucción se le quedaban pequeños. Cuando se produjo el trade medio mundo se echo las manos a la cabeza.

Es cierto que Miller era un pitcher consolidado y de solo 25 años que había promediado 3.22 de ERA en 576 entradas lanzadas, pero el precio a pagar era mucho. Miller solo tenía tres años más de contrato antes de salir a la agencia libre y a cambio Arizona mandaba a Atlanta a tres jóvenes prospects que estarían bajo control de la franquicia por un total de diecisiete años. El primero era el jardinero central Ender Inciarte; el segundo el pitcher Aaron Blair, rankeado en el Top 100 de novatos por Baseball America; y el tercero Dansby Swanson. Este último era el reciente número uno del draft y ganador de las College World Series con la Universidad de Vanderbilt. Una auténtica joya destinada a convertirse en estrella.

Poco le importó a La Russa que todo el mundo le tomara por loco. Él estaba convencido de lo que acababa de hacer. Con un gran ataque capitaneado por Goldschmidt y Pollock y con una rotación en la que Greinke y Miller eran el uno y el dos los D-Backs estaban en disposición de disputarles la división a Giants y Dodgers.

El problema es que casi todo lo que podía salir mal ha salido mal. Pollock se lesionó antes del inicio de temporada y no jugó nada hasta finales de agosto. Otra lesión, en este caso de Peralta, les ha privado de su jardinero izquierdo durante toda la segunda mitad del 2016. Lo mismo para Nick Ahmed, una de las piezas claves en defensa no ha disputado ni un juego desde julio.

Miller está siendo una decepción.
Pero quizás los más frustrante ha sido el fracaso del pitcheo. Greinke ha tenido problemas físicos en algunos tramos de la temporada  y cuando ha estado sano ha dejado mucho que desear. Ha sido una sombra de lo que fue el año pasado en L.A. Lo de Miller es todavía más preocupante, casi dramático. No es necesario hablar de sus números, con decir que Arizona lo ha mandado a lanzar a las Menores hasta en tres momentos distintos queda claro lo mala que está siendo su temporada. Es como si la presión hubiera podido con él. Al mismo tiempo Inciarte y Swanson están dejando un muy buen sabor de boca en Atlanta.

Lo D-Backs querían luchar por la división. Querían volver a saborear el béisbol de octubre. A día de hoy lo único que tienen es una pírrica disputa con los Padres por no ser los sotaneros de la NL Oeste, un Farm System poco ilusionante y el multimillonario contrato de Greinke. A ver qué hace La Russa para reflotar el barco.

martes, 19 de julio de 2016

ELEVADO A LOS JARDINES XIV: Trout: prisionero en Anaheim.


 A estas alturas nadie duda de mi absoluta devoción por los Medias Rojas. Todo el mundo sabe que soy un fiel y buen patriota de la Red Sox Nation, pero parece que hay vida más allá de Fenway. Para hablar de ello nace Elevado a los jardines.
 

El All-Star de la MLB tiene dos propósitos fundamentales. Por una lado es una fiesta que ayuda a promocionar la competición y por otro decide que equipo, el de la Liga Nacional o el de la Americana, tendrá el factor cancha a favor en el clásico de otoño. A mí me sirve para algo más. Me ayuda a recordar que Mike Trout existe.

Trout es ese tío del que nos hemos acostumbrado a decir que es el mejor jugador de las Mayores. Muchos, entre los que me incluyó, lo hacemos por una cuestión de fe. Creemos en las estadísticas que se dan sobre él y nos fiamos de los expertos. De vez en cuando, incluso, vemos alguno de sus espectaculares highlights.

Pero no terminamos de fiarnos. De verdad alguien que juega en los Angels puede ser tan bueno. Es imposible que una franquicia tan poco carismática pueda tener en sus filas a un talento como Trout.  

Tan insulsos resultan los Angels que durante largos períodos de la temporada se te olvida que existen. No son un equipo ganador, pero tampoco pierden lo suficiente como para poseer ese atractivo que en muchas ocasiones tienen los perdedores. Hasta su nombre, Los Angeles Angels of Anaheim, parece de mentira.

Las exhibiciones de Trout pasan desapercibidas para gran parte del público porque nadie se pone a ver un partido de los Angels. Ni siquiera Disney, que convierte en oro todo lo que toca y que fue propietaria de la franquicia entre 1997 y 2005, fue capaz de levantar la popularidad del equipo. Desde su creación, en 1961, han estado eclipsados por la alargada sombra de los Dodgers. Ni la mudanza de Los Angeles a Anaheim consiguió cambiar las cosas.

Es una pena que un jugador como Trout este en una franquicia así. Los de California tuvieron el talento (o la suerte) necesario para draftear a un muchacho de 18 años que en tan solo dos temporadas ya estaba entre la élite de la Liga, pero han sido incapaces de rodearlo de un equipo ganador.

En cuatro campañas completas en las Mayores (esta es su quinta) Trout ha sido siempre seleccionado para el All-Star Game. Además ha sido ganador del MVP en una ocasión y ha terminado segundo los otros tres años. Son unos hitos al alcance de muy pocos y sin embargo han pasado "desapercibidos" porque no afectan en absoluto al devenir de la competición.

Alejado de la lucha por la Series Mundiales y rodeado por un equipo de cartón piedra. Así esta Trout. Prisionero en una organización que no parece dispuesta a soltarle y con la que tiene contrato hasta finales del 2020.

domingo, 10 de julio de 2016

¡Más madera! Quizás la solución está en reforzar (aún más) el bateo.

Todo el mundo coincide en que los Red Sox van a ser los grandes animadores del mercado de fichajes. Necesitan refuerzos. Tienen un farm system atractivo para equipos en reconstrucción. Su GM es de los que siempre está buscando estrellas. Y el dinero no es un problema. El bueno de John Henry lo tiene por castigo.

La lógica nos empuja a pensar que lo que necesita Boston son abridores. Más allá de Wright, Porcello y Price el panorama es desolador. La parte baja de la rotación está siendo una auténtica pesadilla. Así mismo parece que hay cierto consenso en creer que los Red Sox no deben buscar pitchers aseados que den profundidad a la rotación, se necesitan estrellas. Es cierto que Wright, Porcello y Price están cumpliendo, pero lo de Wright parece una casualidad que cualquier día terminará, Porcello no deja de ser un número tres y Price no está siendo el super ace que se esperaba.

Se necesitan dos brazos de los gordos. Dos jugadores de calidad y regularidad probada cuyo impacto se haga notar desde el primer momento. El problema es que hay muy pocos en el mercado (prácticamente ninguno) y van a costar mucho. Ya sea por los contratos que traigan bajo el brazo (caso de Greinke) o por el paquete de prospects que haya que dar a cambio.

La solución que algunos portales como Fangraphs o Baseball Prospectus vienen dando últimamente es que los Red Sox deben olvidarse de buscar abridores y meter todavía mas bates en un lineup que ya es el más demoledor de las Grandes Ligas. Aquí gana el que más carreras anota, no el que tiene un ERA más bajo.

Mientras que la nómina de abridores "estrella" en el mercado es prácticamente nula la de bateadores es bastante más sustanciosa. Los dos principales huecos que ha presentado el lineup de los Red Sox, en cuanto a producción ofensiva se refiere, son el jardín izquierdo y la receptoría.

Las opciones para el outfield son enormes. Carlos Gonzalez y Jay Bruce parecen las perfectas. Sus contratos terminan en 2017 y no le cortarían el paso a Benintendi, una de las joyas de la granja que se espera que este listo para jugar a la sombra del mosntruo verde en 2018. Si no se puede concretar a ninguno de estos dos se podría intentar ir a por Ryan Braun. Su salida de los Brewers no parece complicada, el problema es un contrato largo (y elevado) que si frenaría la progresión del prospect.

La ventaja de ir a por Braun es que se podría negociar al mismo tiempo por Lucroy. Es cierto que la de catcher es la posición que mejor cubierta tienen los Red Sox, pero traer a un tío que esta entre los tres o cuatro mejores del puesto sería un lujo que habría que aprovechar.

¡Más madera! ¡Es la guerra! Esto es lo que gritaban los hermanos Marx en una de sus escenas más celebradas. Quizás es el grito que también debe emplear Dombrowski cuando vaya a la agencia libre.

Los hermanos Marx con Lou Gehring.

viernes, 8 de julio de 2016

ELEVADO A LOS JARDINES XIII: La vuelta del hijo pródigo.

 A estas alturas nadie duda de mi absoluta devoción por los Medias Rojas. Todo el mundo sabe que soy un fiel y buen patriota de la Red Sox Nation, pero parece que hay vida más allá de Fenway. Para hablar de ello nace Elevado a los jardines.


Pasar por tres equipos distintos en cuatro años no suele ser buena señal. Desde que saliera de los Mets a finales del 2011 José Reyes ha defendido la zamarra de Marlins, Blue Jays y Rockies. Todo para acabar de vuelta en la Gran Manzana. La diferencia es que el dominicano se marchó de los Amazin' como una estrella, con un contrato de 106 millones bajo el brazo, y ha vuelto como un apestado.

Su rendimiento estos últimos años ha estado lejos de lo esperado. Su 2011 con un promedio de .337. Sus cuatro temporadas consecutivas robando más de 55 bases. Sus cuatro presencias en el All-Star. Todo parecen simples recuerdos. Estadísticas de un jugador que ese agujero negro que es Miami absorbió y del que no nos volvimos a acordar hasta el escándalo de Hawaii el pasado invierno.

El 31 de octubre Reyes era detenido en Wailea, Hawaii, por violencia de género. El caso no prosperó y la fiscalía tuvo que archivarlo. La testigo principal (y al mismo tiempo presunta víctima), su mujer, se negó a colaborar con la justicia. Siguiendo una práctica cada vez más habitual en el deporte estadounidense la MLB decidió imponer una sanción al jugador a pesar de que la justicia no había podido demostrar la agresión.

Los Rockies encontraron la ocasión ideal para desprenderse de Reyes. La mala prensa le permitía a la franquicia de Colorado, en plena reconstrucción, prescindir del dominicano utilizando el incidente como excusa. Los intentos de traspaso no prosperaron. Ningún equipo estaba dispuesto a arriesgarse por un jugador de 33 años, con un contrato elevado, que llevaba seis meses sin jugar por la suspensión de la Liga y que además tenía mala reputación. La única opción de los Rockies fue cortar a Reyes.

Al poco de quedar libre los Mets anunciaban que se hacían con sus servicios hasta final de temporada. El 5 de julio, después de varios juegos en las Menores, Reyes "debutaba" con el equipo de su corazón. El Citi Field lo recibió con una ovación. Sin acordarse de su marcha en el 2012 y sin recordarle la agresión. En Queens saben que José puede ser muy importante. No será el bateador que se marchó hace cuatro años, pero puede ser un líder.


A día de hoy los Mets están descabezados. La lesión de Wright ha dejado una agujero enorme en el clubhouse. Las dos figuras destinadas a ocuparlo no lo hacen. Harvey parece más rarito cada día. La última es que se pierde lo que queda de temporada por una nueva lesión. Por otro lado tenemos a Céspedes. Un bateador de calidad probada y muy chulo para montar el numerito de los coches de esta primavera pero al que le falta lo que hay que tener para dar un paso hacía adelante. Además no parece un tío que sea haga querer en los vestuarios; cuatro equipos en los últimos cuatro años lo demuestran.

En el resto del roster no encontramos a nadie que pueda (o quiera) asumir el rol de líder. Colón está de vuelta de todo. Con cuarenta y tres castañas bastante hace solo con estar y ejercer de vez en cuando como la mascota humana. Syndergard o DeGroom parecen demasiado jóvenes como para liderar un vestuario que tiene fama de complicado. A Granderson le falta carácter y Walker es un recién llegado que está de paso.

Ante este panorama y con unos Nationals que parecen de lo más solvente el equipo necesita un faro y la afición algo que le devuelva la ilusión. Reyes puede ser la dos cosas. Desde luego no va a arreglar los problemas de juego que arrastran los Mets desde principios de temporada, sus mejores años de béisbol quedaron atrás, pero si puede ayudar a encajar las piezas. La afición le quiere y el vestuario debería respetarlo. Reyes ha vuelto a casa.

martes, 28 de junio de 2016

All-in o nada.

Resulta aburrido seguir hablando de esto. Aburrido para el lector. Aburrido para mí. Llevamos un año dándole vueltas al asunto y no termina de arreglarse. Ni el cambio del coach de pitcheo, ni la llegada de un nuevo general manager, ni los 217 millones de dólares por Price han solucionado absolutamente nada. La rotación de los Red Sox sigue siendo un desastre.

Después de tres meses de competición nos encontramos con que Boston únicamente cuenta con tres abridores "fijos". El propio Price, que a pesar de llegar con vitola de estrella está firmando su peor temporada como profesional. Un Porcello cumplidor que está haciendo lo que se esperaba de él y que a día de hoy parece un número tres de lo más fiable. Y por último nos encontramos con Steven Wright, una de las sensaciones de la temporada. El nudillero empezó como número cinco provisional de la rotación por la lesión de Eduardo Rodriguez y ha acabado sonando como abridor para el All-Star Game.

Las dos últimas posiciones de la rotación están siendo una auténtica pesadilla. Buchholz, Rodriguez, Kelly, Owens, O'Sullivan y Elias son los seis pitchers que las han ocupado con actuaciones que se han movido entre lo lamentable y lo patético. Tan desafortunados han estado estos lanzadores que durante buena parte de junio los Red Sox se la jugaron con una rotación de solo cuatro brazos.

Estadísticas del pitcheo abridor de los Red Sox en 2016. Fuente: Fangraphs.

El problema no ha sido solo de los pitchers, desde el banquillo y la gerencia se han cometido una serie de decisiones horribles que no han ayudado para nada. ¿Cómo es posible que nadie del staff técnico se diera cuanta de una serie de cambios en la manera de lanzar de Price que probablemente estaban lastrando su rendimiento? Tuvo que ser Pedroia, después de ver varios videos, el que le recomendara a su compañero recuperar su antigua mecánica con la consiguiente mejora. Por no hablar de lo mal que se ha llevado la vuelta del Rodriguez al equipo. Ante lo espantoso que estaba siendo Buchholz se decidió acelerar el regreso del venezolano a pesar de que estaba teniendo problemas en sus aperturas en las Menores. El resultado era de esperar y de sobra conocido por todos. Quizás ahora Rodriguez ya este recuperado físicamente, pero tiene un bloqueo mental del que le va a ser difícil salir.

Con este panorama y con algún otro problema, aunque mucho menor, en el bullpen y en la profundidad del banquillo se plantan los Red Sox en julio. Parece evidente que habrá algún trade. La cuestión es que Boston no necesita pulir un poquito aquí y abrillantar una pizca allá. No basta con un brazo que de profundidad a la rotación, se necesitan dos, incluso tres, abridores de garantías. Incluso habría que pensar en reforzar el cuerpo de relevistas y añadir una o dos piezas secundarias, pero solventes, a la ofensiva.

Dombrowski, GM de la franquicia de Massachusetts desde el otoño pasado, es de los que no tienen problemas a la hora de destrozar granjas para atraer a jugadores consagrados. Ahora es el momento. Pero si se mueve que no sea para traer un número dos o tres a la rotación, que sea para forzar la llegada de dos brazos que de verdad hagan temblar a toda la Liga. No tiene sentido perder algo de talento joven para que un Shoemaker o un Pomeranz te den algo de oxígeno. Aprovecha todos los recursos que uno de los mejores farm system del béisbol te ofrece. Deshazte de Benintendi, Devers, Espinoza, Kopech, Light y hasta de Moncada si con ello vas a poder conseguir a gente como Fernandez, Gray, Teheran o Carlos Gonzalez.

La temporada de los Red Sox es ahora mismo una bola elevada que vuela hacia los jardines. Si queremos que sea un cuadrangular las oficinas deben apostar fuerte y moverse bien. Poner toda la carne en el asador y traer refuerzos serios que de verdad le den al equipo el salto de calidad que necesita. No valen medias tintas. Para fichar a un jugador de rol lo mejor es no moverse y terminar la temporada como se pueda. "Hazlo o no lo hagas", le decía Yoda a Luke, "pero no lo intentes". Dombrowski debe ir a puerta gayola y lanzarse un órdago, un all-in y lo que haga falta, pero dejarse de faroles.


martes, 17 de mayo de 2016

ACENTO SOUTHIE by Mark Ward: ¿Qué coño pasa con el puto pitcheo?

Conocí a Mark Ward (Mahk Wahad si es él quien lo pronuncia) hace unos cuantos años. Fue en un tugurio de Dorchester, en pleno South Boston. Por alguna extraña razón le caí en gracia. Quiero creer que las pintas de Guinness y los chupitos de Jameson a los que le invité no tuvieron nada que ver. Hace poco Mark salió de la cárcel. Su agente de la condicional me ha dicho que escribir aquí podría ayudarle. Para lavar su imagen y mantenerlo alejado de las malas influencias. 

Es probable que os resulte antipático y grosero. Es una especie de Bill Simmons en versión macarra. Pero todos nos merecemos una segunda oportunidad. Acento Southie es el nombre que ha elegido para su columna. 
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La ofensiva de los Red Sox está siendo como un tiro de farlopa. Todo los bateadores están que se salen. Bogaerts está pegando .320, Hanley parece un tío distinto al del año pasado y Big Papi está haciendo su mierda tan bien como siempre. Por no hablar de Travis Shaw, que parece Ted Williams reencarnado. Está bateado para .363 en Fenway. Y Pedey, al que muchos capullos daban por acabado, parece un chaval.

Pero el que más lo está partiendo es el jodido Jackie Bradley Jr. No creo que haya nadie con un rabo más grande. Tiene una gigantesca polla negra. Es el último tío del lineup, teóricamente el peor jugador ofensivo, y está bateando .331. Lleva cuatro impulsadas menos que Robison Cano. ¡FLIPA! ¿Mike Trout? No sé de quién coño me hablas. ¡Ah sí! Ese maricón sonriente de Nueva Jersey que juega en California. No lo tradearía por Jackie ni de coña.

No os dais cuenta de lo que estamos viendo. Si mi abuelo levantará la cabeza... Los Red Sox se están cagando en la puta madre que parió a la murderer's row. En los últimos siete partidos han anotado 73 carreras y pegado 101 hits. Y lo mejor es que los Yankees dan pena. ¡HA! ¡HA!

Lo que preocupa es el puto pitcheo. Es cierto que Pretty Ricky lo está haciendo bien. No será candidato al Cy Young pero trasmite seguridad. Cada vez que sube a la loma sabes lo que te va a dar. De momento ha aguantado más de seis entradas en las siete aperturas que lleva y su ERA es de 3.11.

El rarito de Wright también está bien. Se me ponen de corbata cada vez que lanza una de sus puñeteras knuckleballs pero consigue desquiciar a los rivales. El cabrón tienen una especie de knuckle curve de 67 millas que te deja loco. Como me reí al ver la caras de Donaldson y Bautista al ser incapaces de batearla. Pringaos. Entró en la rotación por la lesión de Rodriguez, pero espero que se quede.

Incluso el bullpen parece de fiar. Y eso que lo tenemos lleno de japos y hillbillies. Por un lado Tazawa y Koji, y por otro Kimbrel, Smith, Ross, Hembree y compañía. Son una panda de paletos de Texas y Alabama. Pero vamos, con un ERA de 3.17 como si son hijos de Steinbrenner. ¡Qué sigan así coño!

Price no carbura, pero no me preocupa demasiado. Es verdad que duele ver su contrato de más de 200 millones de dólares junto a un ERA de 6.00, pero ya mejorará. Aún teniendo problemas con su velocidad y su colocación está siendo  una máquina de conseguir strikeots. ¡Sabemos que es un crack! Le está costando arrancar, eso es todo.

De Joe Kelly no sé ni que decir. Es un peligro público. Cuando lanza hay que ponerse cuerpo a tierra. Tiene un brazaco que suelta bolas a 98 millas, el problema es que pueden ir a cualquier lado. Dijeron que durante el Spring Training había sacrificado velocidad para ganar colocación. A mí no me dio esa impresión en los tres partidos que jugó antes de lesionarse. A ver cómo vuelve.

Lo de Owens ha sido una auténtica mierda. La lesión de Kelly le dio una oportunidad y la tiro por el váter. Estuvo fatal en sus dos aperturas. ¡Horrible! Su recambio fue todavía más desastroso, y eso que era irlandés. Un tal O'Sullivan. Espero no volver a verlo por Fenway. Peor que una resaca en lunes.

Y qué comentar del puto Buchholz. Últimamente la gente lo llama Suckholz. Con eso queda todo dicho. El problema de este tío es que es frágil mental y físicamente. En cuanto la cosa se pone cuesta arriba se hunde. Y nunca te va a lanzar 200 entradas. Seguro que antes o después se lesionará. Es como una especie de eterna promesa. Sí, lanzó un no hitter una vez, pero llevamos diez años esperando a que sea un ace. ¡Espabilad! ¡Nunca va a ser un ace!

E-Rod está a punto de volver. Ha lanzado algo en las Menores pero parece que le está costando recuperar la velocidad. Espero que el cagón de Farrell tenga huevos y quite al puto Buchholz cuando el chico este listo. Con E-Rod en la rotación os vais a cagar. Los putos Red Sox van a ser una puta maquina de picar carne. Os lo aseguro.

miércoles, 27 de abril de 2016

ELEVADO A LOS JARDINES VIII: Maeda conquista L.A.

A estas alturas nadie duda de mi absoluta devoción por los Medias Rojas. Todo el mundo sabe que soy un fiel y buen patriota de la Red Sox Nation, pero parece que hay vida más allá de Fenway. Para hablar de ello nace Elevado a los jardines.

Una mañana de diciembre de 1941 Estados Unidos se estremecía. La Armada Imperial Japonesa había atacado la base naval de Pearl Harbor. "Una fecha que vivirá en la infamia", diría el presidente Roosevelt.

La psicosis cundió por todo el territorio Norteamericano y los japones se convirtieron en el enemigo público número uno. Se habló de un posible levantamiento militar de japoneses de segunda generación en San Francisco y de una ataque aéreo sobre Los Ángeles. Todo puros bulos que los sectores conservadores aprovecharon  para crear una ola de racismo que llegó hasta el Gobierno Federal.

Propaganda anti japonesa elaborada en USA durante la IIGM.

Se habla de hasta 120.000 americanos de origen japonés que fueron recluidos en campos de concentración construidos en California, Arkansas o Colorado. Incluso se obligó a que países como México, Colombia o Ecuador enviaran a su población de origen japones a dichos campos.

Para el recuerdo quedará "1941". La brillante película de Spielberg en la que con mucha coña y altas dosis de mala ostia se recrea lo que podría haber sido un ataque marítimo en el área de Los Ángeles.

Setenta y cinco años después un japonés es el ídolo de la City of Angels. Nadie se acuerda de los "sucios japos" que amenazaron el american way of life y masacraron a los buenos muchachos de Wisconsin o Nebraska en el Pacífico.

Kenta Maeda llegó a las Grandes Ligas como una estrella con muchas comillas. Fue un pitcher dominante en Japón pero había incógnitas sobre su rendimiento en América. Cuatro aperturas con los Dodgers han bastado para acabar con todas las dudas.

Comparado con los abridores que se acostumbran a ver en la MLB el japonés parece un niño. Tiene un físico delicado, más propio de un bailarín que de una "mula" del montículo. Su fastball apenas supera las 90 millas, un absurdo en un béisbol en el que no eres nadie si no llegas a las 95. Pero entonces descubres su magia.

Pone la bola donde le da la gana. Estudia a los bateadores. Localiza esa zona donde son incapaces de batear y manda la blanca allí. La colocación no es su única arma, sino que también es capaz de variar considerablemente la velocidad de sus lanzamientos al tiempo que los dota de movimiento lateral o vertical. Una auténtica pesadilla cuando estas en el cajón.


Los números lo dicen todo. En 25.1 entradas distribuidas en cuatro aperturas solo ha concedido una carrera. Le están bateando con un rídiculo .189 y el contacto que le hacen son bolas suaves y rodadas que los infielders recogen sin grandes complicaciones.

Maeda está causando sensación. Su físico frágil, su irrupción desde el extranjero y la particularidad de sus lanzamientos han hecho que algunos se acuerden de otra leyenda de Los Ángeles Dodgers. Ese mexicano bajito y pasado de peso que desató la "Fernandomania" a principios de los ochenta.

Ahora mismo Los Ángeles esta a pies de Maeda. Ni la inminente llegada de los Rams ni la marcha de Kobe están haciéndole sombra al abridor. Lo que no consiguió Yamamoto al frente del ejercito Japonés lo ha conseguido Kenta Maeda.

sábado, 23 de abril de 2016

Profundizando en el pitcheo de los Red Sox.

Un vistazo rápido a las estadísticas de pitcheo de los Red Sox y dos datos llaman poderosamente la atención. El ERA es de 4.59 (6ª peor de la MLB) y el K/9 es de 10.26 (el mejor de la MLB). Esto es poco frecuente. Cómo es posible que el equipo que más bateadores poncha encaje tantas carreras. Eso es lo que vamos a  intentar descifrar.

Generalmente se dice que los lanzadores que consiguen muchos strikeouts intimidan a los rivales. Podríamos decir que consiguen que a la ofensiva se le encoja el bate. No solo eliminan a los bateadores en el cajón, sino que suelen provocar que el contacto de estos, cuando se produce, sea más tímido. Batazos débiles y bolas rodadas que son fáciles para la defensa.


Como hemos dicho los lanzadores de Boston ponchan a 10.26 bateadores cada nueve entradas. Un dato increíblemente bueno teniendo en cuenta que la media de la liga según Fangraphs es de 7.7. Esta espectacular cifra de ponchados contribuye a que la SIERA de los Red Sox sea de 3.48. La SIERA es una estadística muy complicada de calcular a la que los sabermétricos se refieren en muchas ocasiones como ERA real. Digamos que separa la actuación del pitcher de la de la defensa pero valorando el resultado de las distintas bolas puestas en juegos. Atendiendo de nuevo a los parámetros de Fangraphs vemos que la SIERA de Boston, de 3.48, esta calificada como buena, siendo la sexta más baja de las Mayores. Como ejemplo decir que grandes abridores como Greinke o Cole tuvieron en 2015 un SIERA de 3.27 y 3.23 respectivamente.

Podríamos pensar que ya está solucionado el misterio. Los pitchers están rindiendo bien pero son los fallos defensivos los que provocan que la franquicia de Massachusetts encaje una media de 4.81 carreras por juego (solo seis equipos encajan más). Nada más lejos de la realidad. El fielding, índice defensivo más extendido, está siendo de .988. Solo Nationals, Mets y Royals lo tienen mejor. Las distintas estadísticas avanzadas de fildeo, que son tremendamente complejas y merecerían un capítulo aparte, también dejan en muy buen lugar a los defensores de Boston. Para simplificar diremos que el Defensive Runs Above Average (Def) del equipo es 5, quinto mejor de la MLB y situado entre los tramos que Fangraphs describe como por encima de la media y bueno.

Si a todo esto le añadimos que el promedio de los bateadores que se enfrentan a los Red Sox es un discreto .243 solo nos queda preguntarnos qué es lo que está pasando. Lo primero en lo que habría que hacer hincapié es en el elevado número de bases por bolas que se se están concediendo. Esto es lógico hasta cierto punto. El lanzar muchos strikeouts implica ciertos riesgos, entre los que están los boletos. Pero las 3.97 bases que Boston "regala" cada nueve entradas parecen excesivas, incluso con K/BB de 2.59.

Pero el verdadero problema está siendo la dificultad de los lanzadores para inducir ground balls. Esas bolas que ruedan mansamente por el diamante y que permiten lanzar a bases con cierta facilidad solo suponen el 38.3%. Evidentemente estar a la cola de la liga en esto implica estar muy arriba en line drives y fly balls. Las primeras son esos batazos a media altura y con bastante potencia que acaban alojándose entre el infield y los jardínes. En el mejor de los casos suponen un single.

Las fly balls son una ruleta rusa. Su ventaja es que si son atrapadas suponen un out sencillo, pero si no la cantidad de cosas malas que pueden pasar son enormes. Lo primero que viene a la mente son los cuadrangulares, pero no debemos olvidar las opciones de hits con bases extras o la mayor posibilidad de que los corredores se muevan entre bases. Las particularidades de Fenway, con el green monster como seña de identidad, hacen que cualquier golpeo elevado a los jardines sea una lotería todavía mayor.

El pitcheo de Boston está permitiendo que el 37.8% de las bolas que les ponen en juego sean fly balls (6ª mayor porcentaje de las Mayores). De esto se deriva la gran cantidad de homers que se están encajando. Hasta 19 bambinazos han recibido en contra los Red Sox (12ª en el ranking).

El % de fly balls está siendo crítico para Boston.

Otro dato que está perjudicando especialmente a los Red Sox es el tipo de contacto que hacen los bateadores. Decíamos arriba que los lanzadores que logran muchos strikeouts tienden a conseguir que los batazos que ceden sean suaves. Price, Porcello y compañía no están teniendo esa suerte. En un 34.1% de las ocasiones les conectan con fuerza (5º en el ranking) frente a un pobre 17.9% de golpeos suaves (24ª). Esto hasta cierto punto es una simple cuestión de suerte y/o especial acierto de los atacantes. Poco puede hacer el pitcher para cambiarlo. Lo lógico sería que poco a poco se tendiera a unos números más equilibrados.

El dato que termina de inflar las carreras que los Medias Rojas reciben esta relacionado con otro  aspecto que parece bastante azaroso (aunque también habrá quien piense que guarda relación con la incapacidad que los pitchers tienen para manejar la presión). Cuando hay corredores rivales en bases es cuando peores números tienen los lanzadores. Más arriba comentábamos que a Boston le han pegado 19 cuadrangulares, 12 de ellos han sido cuando había al menos un hombre en bases. Los home runs le han supuesto a los Red Sox 26 de las 77 carreras que ha recibido. Algo más del 33% de las anotaciones rivales llegan con bolas que se van a las gradas. Es también en estas situaciones en las que el porcentaje de fly balls y golpeos fuertes aumenta sensiblemente.

La guinda del pastel es que de los 16 partidos disputados hasta la fecha 10 han sido contra Orioles y Blue Jays, dos de las mejores ofensivas de la liga.

Podemos afirmar que el número de carreras recibidas tenderá a disminuir. Lo más preocupante es el alto índice de fly balls. Esto si es grave y es algo que el staff de pitcheo debe intentar solucionar. No va a ser fácil, pero tampoco es imposible. Se deberá sacrificar cierta potencia y colocar mejor los lanzamientos. Además debemos pensar que las dos bajas más importantes que hasta ahora ha tenido el equipo son Rodriguez y Smith, dos pitchers que se caracterizan por dejar la bola en el suelo.

**Todos los datos han sido extraídos de Fangraphs.com a fecha del 22 de abril de 2016**

domingo, 13 de marzo de 2016

Mookie Betts a un paso de ser una super estrella.


Betts apenas ha necesitado año y medio en las Mayores para convertirse en candidato al MVP. Debutó a mediados del 2014, cuando la temporada estaba ya perdida y el pasado curso firmó una actuación espectacular en la que fue de menos a más.

Quizás la faceta de su juego que más llama la atención de primeras es la defensa. Su gran velocidad le ha permitido realizar catchs asombrosos que han copado los highlights. No obstante ha demostrado ser un jugador tremendamente completo, muy inteligente y que solo tiene 23 años.

El WAR de Betts en 2015 fue de 4.8, el vigésimo tercero mejor entre los jugadores de campo. Además fue el segundo bateador más joven en el Top 25 de WAR, solo superado por un tal Bryce Harper. Su buen rendimiento y su juventud parecen indicar que tenemos en Betts a una estrella que ha de dar guerra durante muchos años.

Vuelo sin motor para robarle un homer a Davis.
Lo dicho, el outfielder de los Red Sox no es solo defensa, su línea de bateo lo prueba: .291/.341/.479. Es cierto que su comienzo de temporada no fue bueno. Durante abril y mayo bateó para .246 y mostró carencias en su disciplina. Se entrenó su paciencia en el cajón y su rendimiento fue mejorando hasta el punto de que muchos reclamaran su presencia en el All Star.

Finalmente no fue al Juego de las Estrellas, pero sus números en la segunda mitad de la temporada fueron merecedores de ello. En los últimos 82 partidos de regular season se fue a .322/.367/.541 con 12 homers, 50 impulsadas, 30 dobles, 6 triples y 11 bases robadas. Casi nada.

Parte importante de este resurgir se debe a la solución de sus problemas de disciplina con el bate. Betts ha reducido su Swing% a un 40.9% (13º de la MLB), ha aumentado su contacto dentro de la zona hasta un 93.1% (17º de la MLB) y su porcentaje de abanicar y fallar (SwStr%) es del 5.5% (12º en la MLB).

Esto le ha ayudado a estar entre los treinta jugadores de las Mayores que menos ponches reciben. Su única mancha ha sido su porcentaje de base por bolas, que ha sido de un discreto 7%. A esto último contribuye en parte su carencia de poder, y es que Betts "solo" consiguió 18 homers. Los lanzadores no lo ven aún como una gran amenza.

Su poder es probablemente la única de sus herramientas que nos deja un poco fríos, pero 18 cuadrangulares no es un mal registro para alguien de 1.75 m y 80 kg. Incluso parece que hay motivos para el optimismo.

Betts conectando un cuadrangular.
Matthew Koty comparaba en BP Boston al propio Betts con Andrew McCutchen. El outfielder de los Pirates mide 1.78 m y pesa algo menos de 90 kg. Ambos tienen tamaños y pesos similares, ocupan la misma posición, sus números y proyecciones guardan cierta relación y su forma de moverse en el campo resulta parecida. La analogía parece inevitable. Koty nos dice que McCutchen no llegó a los 20 home runs en ninguno de sus dos primeros años, sin embargo en los cinco siguientes se ha movido con soltura entre los 21 y los 31. Betts puede ganar poder.

La nueva temporada llega con un nuevo reto para Betts, un nuevo cambio de posición. Durante toda su formación jugó como 2B, pero al llegar a los Red Sox esta posición estaba ocupada por Pedroia. Su gran capacidad atlética hizo que se le moviera al jardín central, donde ha rendido con brillantez. No obstante, la irrupción de Bradley Jr. ha hecho que se vea de nuevo reubicado, esta vez en el exterior derecho. La única duda aquí puede ser su brazo. Hay una gran distancia entre el jardín diestro y las bases, y todavía más hasta el home.

Después de año y medio de sorpresas a Betts le toca demostrar que no ha sido un amor de verano.  Demostrar que ha llegado para quedarse y que los Red Sox tienen en él a un jugador sobre el que construir durante los próximos diez años.

jueves, 10 de marzo de 2016

La mejor noticia del Spring Training se llama Travis Shaw.

No es el hombre sobre el que recaen todos los flashes ni sobre el que se escriben todas las columnas, pero lo cierto es que Travis Shaw se ha ganando a pulso que se hable de él. Su actuación en lo que llevamos de entrenamiento primaveral ha sido sobresaliente y le está demostrando a la organización que en el roster hay hueco de sobra para él.

Su buen rendimiento durante la segunda mitad de la pasada temporada hizo que muchos reclamaran un puesto para él en la novena titular de cara al 2016. Si tenemos en cuenta que sus posiciones idóneas son la 1B y/o la 3B, precisamente donde el equipo tiene más dudas, no parecería descabellado darle una oportunidad. Sin embargo la gerencia no dio luz verde.

Se dijo que sus actuaciones habían estado por encima de sus posibilidades reales y que partía como suplente. Incluso se especuló con su salida del equipo si alguien daba algo interesante a cambio.

En lo que llevamos de marzo Shaw ha promediado un .571 (8 de 14) con un .625 de enbasado. Además redondea sus números con un home run, cinco carreras impulsadas y tres anotadas. Es cierto que la muestra es pequeña y que son unas estadísticas imposible de mantener a medio plazo, pero también hay que conseguirlas.

El bateador ha mostrado una gran capacidad de aprendizaje. Sus inicios en las Mayores fueron cuanto menos dubitativos. En sus primeros turnos fue fácilmente engañado por los pitchers, que conseguían forzar swings con bolas que iban claramente fuera de la zona de strike. El análisis de vídeos y el trabajo con Víctor Rodríguez y Chilli Davis, entrenadores de bateo, dio sus frutos y se tradujo en un gran año de debut.

"Una cosa está clara. El año pasado tuvo una oportunidad y la aprovechó. Ahora lo está volviendo a hacer," ha declarado John Farrell. "Nunca se sabe lo que puede pasar y él se está ganando el derecho a estar en el campo y en el roster. Contribuye mucho."

Teniendo en cuenta que la defensa de Sandoval y Hanley puede convertirse en El Show de Benny Hill, resulta tranquilizador que un haya en la recamara un tío sobrio y cumplidor como Shaw. Seguro que tiene su oportunidad.

jueves, 3 de marzo de 2016

Eduardo Rodríguez ante su segunda temporada.

Desde su llegada a Baltimore en 2010 Eduardo Rodríguez despertó algunas dudas. Es verdad que el chico tenía buena pinta. Que iba dejando buen sabor de boca en cada una de las categorías de las Menores por las que fue pasando. Pero en los Orioles no acababan de verlo como a una futura estrella.

Siendo niño se rompió el brazo "bueno", el derecho. Esto le obligó a pitchear con el izquierdo. Quizás sea esta particularidad la que provocara muchas irregularidades en sus lanzamientos durante sus  primeros años en la franquicia de Maryland. Las velocidades de sus pitchs oscilaban más de lo normal, influyendo esto en su capacidad para lograr strikes.

En 2014, con los Orioles peleando por el liderato de la división la gerencia decidió traspasarlo por una pieza que reforzara su bullpen. Andrew Miller, que terminaba contrato ese año se fue a Baltimore a cambio del joven lanzador venezolano.

Por aquel entonces Rodríguez tenía 20 años y era considerado el tercer mejor prospect de los Orioles. No obstante, parece que el front office no tenía muchas esperanzas puestas en él. Solo de esta manera se explica su intercambio por un Miller que terminaba contrato en otoño y que a pesar de su buen rendimiento no se acercaba al cerrador superdominante que ha sido este último año en los Yankees.

El 28 de mayo del 2015, con menos de cien entradas lanzadas en los equipos menores de los Red Sox, Rodríguez debutó en Arlington. El cortocircuito sufrido por la rotación obligó a lanzar al venezolano a los leones antes de tiempo. Y su respuesta fue brillante.

Entraremos en análisis más técnicos a continuación, pero primero hay que decir que lo que más sorprendió del ya rebautizado como E-Rod fue su entereza. En medio del fracaso que estaba siendo Boston, con toda la prensa de Nueva Inglaterra repartiendo cera, el chaval salió y con absoluta frialdad se echó el equipo a las espaldas. Tuvo errores, cierto, pero se arrimó a un toro jodido y no salió malparado.

Lanzó un total de 121.1 entradas (21 aperturas) logrando un ERA de 3.85. Su FIP fue de 3.92 y su ERA- de 91, es decir un rendimiento mejor al de la media de las Mayores. Si bien es cierto que ha tenido ciertos problemas para lograr ponches, su ratio ha sido de 7.25 strikes cada nueve entradas. Este dato en si no tiene que ser malo, pero si lo unimos a un ramplón 0.96 en HR/9 y a un mal 2.74 en BB/9 nos encontramos con que Rodríguez ha dado a su defensa más trabajo de lo esperado. De hecho su SIERA, la estadística más compleja (y para muchos también la más precisa) que hay para medir el rendimiento puro de un pitcher ha sido de 4.16. Bastante peor que la de Buchholz (3.35) y Porcello (3.73) y similar a la de Miley (4.24) y Kelly (4.23).

A pesar de todo las sensaciones fueron muy buenas, y sus número se vieron ampliamente perjudicados por los partidos en los que lanzó de día. Siempre se dice que los pitchers son animales de costumbres, y no es raro que en sus primeros años tengan problemas en los partidos que se juegan a mediodía o a primera hora de la tarde. En sus ocho aperturas que no fueron de noche acumuló un ERA de 7.88 frente a un espectacular 1.87 registrado en los partidos que se celebraron a la hora habitual. Este bajo rendimiento se debió en gran medida a dos aspectos: la facilidad con que se le embasaron los rivales (WHIP de 1.63) y un catastrófico HR/9 de 1.57.

Su pitch más utilizado en 2015 fue la fastball, que supuso un 68.7% de sus lanzamientos y que tuvo un discreto pitch value de 3.7. Esto significa que con su bola rápida Rodríguez previene 3.7 carreras por encima de la media. Su slider fue bastante mala y a pesar de recurrir a ella tan solo el 11.6% de las veces se mostró tremendamente improductiva al caer hasta el -7.9 de pitch value.

Su lanzamiento estrella fue sin duda la change up. Rodríguez la usó en casi un 20% de sus actuaciones desde el montículo y sus resultados fueron francamente buenos (pitch value de 4.6). Además este lanzamiento generó strikes en un 25.8% de las veces en que fue usado, solo fue bateado (sin fijarnos en si fue hit o no) en un 18.66%  de las ocasiones  y provocó un 16.02% de whiffs (cuando el bateador hace swing y falla).

Para tener un 2016 todavía mejor que su 2015 E-Rod debe pulir su fastball, lanzar más change up y mejorar su slider. Tampoco le vendría mal desarrollar algún otro lanzamiento y aprovechar a David Price como mentor.

Rodríguez, Swithart y Carl Willis.
Distintas informaciones apuntan en esta dirección, y parece que durante la off season Rodríguez ha estado trabajando. Sus principales objetivos han sido implementar el rendimiento de su slidder y empezar a desarrollar la cutter (donde Buchholz puede ser una gran ayuda). Así mismo Carl Willis, pitching coach de Boston, ha hecho mucho hincapié en que mantenga sus lanzamientos en la parte baja de la zona de la strike. De esta forma se consiguen más ground balls (a priori más fáciles de defender) y se minimizan las opciones de conceder home runs.

Otro aspecto importante que Rodriguez debe mejorar es su K/BB. Esta estadística nos dice cuantos ponches logra el lanzador por cada base por bolas que concede. Lo normal es que los pitchers agresivos, aquellos que siempre intentan forzar fallos en los swings de los bateadores acaben concediendo más. Es pura lógica, cuanta más fuerza y colocación se busca en el lanzamiento más opciones de perder su control o de mandarlo fuera de la zona de strike. El venezolano promedió en 2015 un K/BB de 2.65. Este dato no sería malo si Rodríguez andará en torno a los 10 strikes cada nueve entradas, pero recordemos que su ratio era de 7.25. Parece evidente que no es un pitcher ponchador, por lo que debe tener mucho más control sobre sus lanzamientos y evitar que se le embasen fácilmente. 

Después de una temporada en que era la novedad y los bateadores no le conocían E-Rod se enfrenta al año de su confirmación. En principio parte como número tres o cuatro de la rotación, pero una lesión de Buchholz (algo que no parece descabellado) le daría mucho más protagonismo. La oportunidad de triunfar en el gran show esta en su brazo.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Lo que los Red Sox deben hacer en la off-season. III de III.

Después de hablar del outfield y del infield llega la tercera y última entrega de esta serie, llega el momento de la rotación y del bullpen. Habíamos ido retrasando su publicación con la esperanza de poder hablar de ese abridor estrella que Dombrowski había prometido. Nuestra paciencia ha tenido recompensa y hace poco más de doce horas se anunciaba que David Price llegaba a un acuerdo con los Red Sox a cambio de 217 millones de dólares a percibir en los próximos siete años. Esto convierte al pitcher de Tennessee en el lanzador mejor pagado de las Mayores (a la espera de lo que pase con Greinke en los próximos días) y en el contrato más alto jamas ofrecido por la franquicia de Massachusetts.

Con la llegada de Price la rotación de Boston queda cerrada salvo sorpresa mayúscula y podríamos aventurar que será la siguiente: Price, Buchholz, Porcello, Rodríguez y Miley. Joe Kelly parece que será mandado al bullpen, donde su recta de 96 mph puede ser muy aprovechable. Mientras que Owens, Johnson y el nudillero Steven Wright empezaran como pitchers de las Menores pero con la seguridad de que dispondrán de oportunidades en la MLB.

Price en su etapa en Detroit.
David Price va a percibir más de treinta millones de dólares en cada uno de los próximos siete años. Un contrato de estrella absoluta que esperemos se vea refrendado en la loma. Si su rendimiento en los tres primeros años es como el mostrado en Toronto el pasado verano cada dólar que se le dé estará bien pagado. Su lanzamiento estrella ha venido siendo una recta de unas 94 mph que en los últimos dos años se ha alternado mucho con las changeups. Su arsenal se completa con una cutter que ronda las 89 millas y algunos lanzamiento quebrados a los que recurre en raras ocasiones. Con cinco apariciones en el All Star y un Cy Young de la Liga Americana en 2014 debe liderar a los Red Sox desde el montículo.

Como número dos nos encontramos a Clay Buchholz. Un pitcher establecido y siempre cumplidor que rendirá mientras su salud se lo permita. No hay dudas de la confianza que la franquicia y Farrell tienen en él, su reciente renovación lo demuestra, pero su problema son las lesiones. En nueve años en las mayores ha sido incapaz de lanzar ninguna temporada de más de 190 entradas. La cutter y la changeup son sus mejores armas.

Si Rick Porcello rinde a su nivel puede ser un lujo tenerlo en esta parte de la rotación. Después de una extensión de contrato que a mucha gente le pareció desproporcionada (cuatro años y más de ochenta kilos) el pitcher firmó un malísimo inicio de temporada. Tras volver de una lesión completó un buen septiembre que dejó muy buenas sensaciones de cara al nuevo curso. La gerencia espera un buen rendimiento porque tras el 2016 aun le quedarán dos años de contrato y más de cuarenta millones por cobrar.

Ahora le llega el turno a Eduardo Rodriguez. Segunda temporada en las Mayores, veintidós años y un futuro que pinta prometedor. Tras un debut impresionante en el que contaba con la ventaja de ser desconocido para los bateadores le toca enfrentarse a una siempre complicada segunda temporada en la que debe aspirar a asentarse. Debe mejorar su rendimiento en los partidos de día, incorporar más lanzamientos a su repertorio y recurrir más a una changeup que el año pasado se mostró muy efectiva.

A priori el último lanzador de la rotación será Wade Miley. El de Louisiana parte como número cinco pero no sería de extrañar que un mal inicio de Porcello lo colocará más arriba. Tras un buen 2015 en  el que acaparó demasiada atención y responsabilidad por el desastroso rendimiento del resto de abridores se espera que mantenga los números de los años anteriores. Un jugador aseado y con un salario muy asequible que lo convierten en un gran pitcher para la parte baja de la rotación.

De izquierda a derecha: Rodriguez, Miley y Porcello.

Y ahora el bullpen, donde la llegada de Kimbrel ha sido otro de los bombazos de lo que llevamos de off-season. El mal rendimiento de los relevistas en el 2015 hacía prever bastante movimiento. Lo primero que se supo fue que Ogando, Breslow y Machi, tres de los brazos que más innings habían lanzado, no iban a seguir.

Kimbrel será el nuevo
 cerrador de Boston.
Lo siguiente fue buscar a un cerrador de garantías. Se sigue confiando en Uehara, pero el japonés cumplirá cuarenta y un años el próximo abril y se quiere tenerlo entre algodones. Tras varios rumores que apuntaban a Chapman y a los Reds el traspaso que acabo por fraguar fue con los Padres. A cambio de Kimbrel, al que muchos consideran el mejor cerrador del momento, los Red Sox dieron un puñado de prospects. Destacaban es ese paquete el jardinero Manuel Margot y el campocorto Javier Guerra.

La incorporación de Kimbrel supone un salto de calidad considerable en el bullpen de Boston. El recién llegado ejercerá como cerrador mientras que la dupla nipona Uehara-Tazawa se turnara en la octava. Ross Jr. ha demostrado ser un relevista correcto y se espera que Matt Barnes rinda como una primera ronda del draft tras una campaña decepcionante. En Layne los Red Sox tienen un gran brazo contra bateadores zurdos.

La gran incógnita es Joe Kelly. Había muchas esperanzas en él como abridor, pero el año pasado se desvanecieron todas. Su poderosa bola rápida le puede convertir en un buen relevista, y su experiencia previa como abridor le permitiría salir desde el bullpen y lanzar dos o tres entradas con facilidad.